Parroquia de San Miguel
Como muchas de las mejores construcciones de nuestro patrimonio, la iglesia de San Miguel es el resultado de las aportaciones de generaciones, de yuxtaposiciones seculares, de una equilibrada suma de gustos, de sensibilidades, integradas en un conjunto armónico, en un final feliz.

El edificio en su origen es un templo gótico de una sola nave, la del Rosario, erigido hacia el siglo XI; luego, en el XV se le añadieron otras dos naves, también góticas, la central algo más alta y sujeta por arbotantes; después, en el XVI se construyó el claustro, gótico-flamígero, con una cuarta nave de conexión, se levantó el púlpito renacentista y se edificó la capilla de la Piedad, con su retablo plateresco; en el XV, se hizo la cripta; en el XVI, se labraron la portada principal y el retablo mayor, incuestionablemente barrocos, así como el arco del coro y se elevó la torre neoclásica.
De nuevo aquí tropezamos con las fuertes personalidades de los Guevara y Zuazola. Los Condes fueron patronos de la iglesia y tuvieron en ella su entierro, primero en la capilla del Rosario y luego en la cripta; por su parte, el obispo consiguió construir su mausoleo en la capilla de la Piedad. Así, el interés religioso y la perpetuación de la fama quedaban asegurados.
El sepulcro de alabastro de Pedro de Guevara, con sus leones dolientes, es magnífico, pero queda empequeñecido ante la capilla funeraria de Rodrigo Mercado; consta ésta de un retablo plateresco colmado de imágenes de la Pasión, la vida de la Virgen, santos, profetas y angelotes, del sepulcro, muy sencillo, obra de Pierres Picart, del mausoleo, atribuído a Diego de Siloé, tallado a modo de retablo, cuyo tema central es el propio obispo Zuazola orante, asistido por una virtud, muy parecido al de la portada de la universidad. Todo el conjunto de la capilla queda cerrado por una espléndida verja de hierro, muy decorada, con una referencia a la Piedad y que es buena expresión de la habilidad de los forjadores locales.

El claustro también fue un encargo de Zuazola y haciendo de necesidad virtud, solventa la falta de espacio sobrevolando el río apoyándose en dos puentes, lo que resulta extraordinario y único en España.
El retablo mayor, tallado por Juan Bautista de Suso, muestra toda la exuberancia barroca de follajes, columnas salomónicas, frutos, angelotes y los santos patronos de la Villa: San Miguel, San Sebastián y San Roque. Mas no debemos olvidar que Oñati cuenta desde hace pocos años con un santo propio, el fraile dominico Miguel de Aozaraza, decapitado en Japón en 1637. En el cuadro que se expone en la parroquia puede seguirse, a modo de historieta, la larga suerte de tormentos de que se compuso su martirio.
