Arquitectura civil y religiosa
Recorrer Oñati es repasar un catálogo de estilos artísticos, de concepciones urbanas, de elementos históricos, en donde apenas falta nada desde el gótico de las tallas de las ermitas e iglesias y las casas-torre, hasta el arte de vanguardia de Arantzazu, pasando, desde luego, por una impresionante colección de construcciones y retablos renancentistas y una nada desdeñable cantidad de edificios civiles y religiosos barrocos, sin dejar de lado las aportaciones del siglo XIX, con sus fuentes, su urbanismo, la iglesia neogótica de los Lateraneneses, etc... De toda esta pléyade de posibilidades podemos optar por destacar tres elementos: el monasterio de Bidaurreta y las plazas de Santa Marina y de los Fueros.

Juan López de Lazarraga, poderoso cortesano de los Reyes Católicos y su mujer Juana de Gamboa, decidieron construirse una sepultura digna en su terruño natal y fundaron para ello el monasterio de clarisas franciscanas de Bidaurreta. Construído a los inicios del siglo XVI se resuelve en una encrucijada de estilos: gótico, renacentista y mudéjar; los elementos característicos de éste último están en la zona de clausura: el claustro y sobre todo el precioso artesanado del refectorio. En la iglesia encontramos el sepulcro de los fundadores, bastante sencillo, pero también las 218 sepulturas de otras tantas familias de Oñati que durante tres siglos inhumaron allí a sus muertos. Dos retablos llamarán nuestra atención en este templo; el mayor es barroco y sobre su madera sin dorar destacan todo un tropel de santos que arropan una coronación de la Virgen ubicada sobre un balcón volado verdaderamente efectista.

El retablo plateresco, de 1533, puede ser el primero de los renacentistas que se labrara en Gipuzkoa, participó en su talla el escultor oñatiarra Juan de Olazaran. Dedica el primer cuerpo al Nuevo Testamento y el segundo al Antiguo. En el tratamiento algo ingenuo y torpe de las tallas reside su mayor encanto; así, son inolvidables la creación de Eva, sacada del costado de Adán, la desobediencia, cuya serpiente posee cabeza humana o el castigo, que recuerda al adagio medieval de "cuando Eva hilaba y Adán araba".
La Plaza de Santa Marina constituye un notable conjunto elaborado a lo largo de los siglos XVI y XIX. Se dan cita allí buena parte de los elementos característicos del espíritu ilustrado y burgués, práctico y afectado de alguna ostentación, pero sólido y equilibrado: los hermosísimos palacios barrocos de Antia y Madinabeitia; el no menos bello de Baruekua, de transición entre barroco y neoclásico, que perteneció al barón de Areizaga, suegro del Conde de Peñaflorida y la casa de Moyua, típicamente decimonónica, actual Casa de Cultura, sin olvidar la fuente y los jardines de los palacios.

La Plaza de los Fueros supone, tras la incorporación de Oñati a la Provincia, la culminación de un plan urbano que organizara el fragmentado plano de la Villa, otorgando una superioridad simbólica al elemento político civil, encarnado en el propio espacio de la plaza y el Ayuntamiento que la preside. Para ello se hubieron de cubrir el río y los regatos que confluían allí y se levantaron dos edificos con arcadas, uno de las cuales condenaba el ábside de la parroquia. Según la concepción neoclásica se integró en la plaza un frontón y se dejó abierta la perspectiva al Sur, sólo clausurada por las cumbres de Aloña.

El proyecto es de Mariano José de Lascurain, participando también en la obra el futuro redactor del Plan de Ensanche de Donostia, Antonio Cortazar. El Concejo, obra de Martin de Carrera, resulta, en su afrancesamiento rococó, muy decorado para lo que se acostumbra en el País; contiguo a él, se ubica la torre y palacio de Lazarraga, inicialmente gótica, reformada y ampliada la parte palaciega en los siglos XV-XVI; la torre de gran sabor medieval, cuenta con unos esgrafiados muy castellanos y una puerta defensiva tachonada y flejeada.
